Dicta el aforismo anónimo: Las palabras caminan sin dueño. Las preguntas se incomodan. Cuestionan a la mente: ¿Es verdad que se puede sentir sin pensar? ¿Y que hay de las penas? ¿O las angustias? ¿Son banales? ¿Es el pensar una banal angustia? La mente, molesta, le revira al aforismo: Yo te parí y te crié hasta que palabras te volviste ¿Es que no me tienes respeto? El aforismo contesta: Las palabras caminan sin dueño. Soy anónimo, ¿recuerdas? No rindo cuentas a nadie. Ni al lenguaje que me crió Ni a la mente que me parió

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